sábado, 10 de febrero de 2018

Despedidas...

Hay despedidas que por más que nos duelan tienen qué suceder. Todo lo que mi corazón sintió ese día y el mes anterior lo explico con las preciosas palabras de Amado Nervo: 

Si una espina me hiere.


¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina, 
... pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad 
envidiosa en mí clava los dardos de su inquina, 
esquívase en silencio mi planta, y se encamina, 
hacia más puro ambiente de amor y caridad. 


¿Rencores? ¡De qué sirven! ¡Qué logran los rencores!
Ni restañan heridas, ni corrigen el mal.
Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores,
y no prodiga savias en pinchos punzadores:
si pasa mi enemigo cerca de mi rosal,


se llevara las rosas de más sutil esencia;
y si notara en ellas algo rojo vivaz,
¡será el de aquella sangre que su malevolencia 
de ayer, vertió, al herirme con encono y violencia, 
y que el rosal devuelve, trocada en flor de paz!






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