viernes, 28 de septiembre de 2018

El Sr.Japonés que me ayudó en la estación de Kioto.



En la última entrada: Japón en ocho días… 3, les hablé sobre ese día en el que me perdí en la estación de Kioto y les comenté que quería hacer una entrada especial sobre eso y aquí está.
Una de las primeras cosas que tienes que saber cuándo vas a viajar a Japón y que al menos en mi opinión es una de las más importantes, es tener muy en cuenta que en ese país todo se maneja con horarios bien establecidos. Los autobuses, los trenes, las citas de trabajo, las citas con amigos, las reuniones familiares, la entrada a la escuela, la entrada al trabajo, etc., TOOOODO tiene un horario muy bien establecido y es necesario y casi imprescindible que acudas a la hora exacta (incluso es mejor estar antes de la hora prevista) para evitar cualquier molestia o confusión. Obviamente no es un país perfecto y claro que suceden imprevistos y es sólo en esas situaciones de urgencia en que el autobús o el  tren no pasará, o la cita o reunión se cancelará. Pero ese tipo de situaciones no son la regla, lo común y cotidiano es que todo marche bien y que cada uno llegue a la hora indicada, en el lugar acordado.
Generalmente no tengo problemas con eso, en la medida de lo posible intento que las citas o salidas sean exactamente a la hora en que acordamos.
Y bueno… Si recuerdan esa entrada les dije que la noche anterior había estado nerviosa por el viaje a Gunma, Maebashi y aun cuando no descansé del todo bien, cuando la luz del día se hizo presente, me desperté y me paré para alistarme e irme a la estación. En mis tiempos todo estaba bien. Me despedí del lugar que había sido mi habitación por esos cuatro días que había estado en Kyoto, tomé mi maleta, salí por el pasillo y me dirigí a la calle principal para tomar el taxi.
Estaba bastante nublado y lloviznaba un poco, caminé por las calles y llegué a la avenida principal, le hice la parada al taxi y éste se estacionó. Me subí y le dije a donde me dirigía. El Shinkansen que yo debería tomar salía a las 6:23 am y eran las 5:56 am. El taxi avanzaba, pero había algo de tráfico, el recorrido que imaginé en diez minutos se hizo más o menos de quince minutos y cuando llegué a la estación eran las  6:11 am, ese fue el momento en que me empecé a poner nerviosa. Cuando saque el dinero para pagar me di cuenta que sólo tenía un billete de 10000 ¥ y el costo del recorrido había sido de 1000 ¥, inmediatamente el taxista me preguntó si no traía un billete más pequeño, le dije que no. Entonces él me dijo que esperara un poco mientras buscaba el cambio en su billetera. Esos fueron minutos preciosos y cuando me dio el cambio y baje del taxi, faltaban escasos cinco u ocho minutos para tomar el Shinkansen. En mi mente pensé que aun podía lograr llegar a tiempo y corrí lo más que pude para tratar de alcanzarlo. Fue allí donde no me fije que había entrado por la puerta equivocada y al tratar de ubicarme dentro de la estación, sólo me perdí más. Mire el reloj y era demasiado tarde. El Shinkansen ya se había marchado.
Fue horrible porque ya había acordado llegar a Takasaki a una hora específica y por ese error era obvio que no iba a poder llegar. Intenté calmarme pero no lo conseguía, así que empecé a caminar como loca por los andenes tratando de ubicarme y nada. Fue en ese momento cuando vi un mapa enorme de la estación, me pare enfrente de él y nuevamente intenté ubicarme. Recuerdo que sólo miraba líneas y colores sin sentido, todo estaba en japonés, no había nada escrito en inglés. Fue justo en ese momento en que éste Sr. Japonés, apareció. Recuerdo que me miró, hizo el saludo con la respectiva inclinación y cómo si leyera mi mente me preguntó: ¿Shinkansen? En mi mente dije: Sí, estoy buscando el andén para tomar el Shinkansen que me llevara a Tokio, luego a Takasaki y finalmente a Gunma, Maebashi. Eso lo dije en mi mente, pero no alcance a articular alguna palabra y sólo asentí con el rostro. Entonces él, muy amablemente me indicó que lo siguiera. Lo seguí. Subimos por las escaleras eléctricas, caminamos por un largo pasillo, dimos la vuelta a la derecha, bajamos por otras escaleras y otra vez me volvió a indicar que habíamos llegado al andén del Shinkansen y que allí podría esperarlo. Antes de irse, tomó el boleto del Shinkansen que traía en la mano e hizo un movimiento con las manos y me indicó el lugar donde estaban las oficinas del Japan Rail Pass. Volvió a hacer el saludo con la misma inclinación y lo vi subir por las escaleras. Casi cuando estaba a punto de desaparecer en las escaleras, alcance a juntar mis manos e inclinarme para darle las gracias por haberme ayudado y nos despedimos con una sonrisa.
 No sé cómo, pero había entendido a la perfección lo que él había querido decirme: Antes de esperar en el andén, debía ir a las oficinas para cambiar de nuevo los boletos con un nuevo horario, un nuevo número y nombre del tren. Me tranquilice. Y volví a las oficinas para hacer el cambio de los boletos. Allí también avisé a Gunma, Maebashi que llegaría una hora más tarde.
Mientras esperaba en el andén y durante todo el recorrido de Kioto a Tokio, pensé mucho en lo que había sucedido. Mientras más pensaba en lo que había sucedido, más mi corazón se conmovía. Ese fue uno de tantos otros momentos en que me sentí tan afortunada por encontrar personas así. Era una hora pico, y seguramente este Sr., se dirigía al trabajo; el hecho de que se hubiese tomado el tiempo para indicarme cómo moverme y a donde dirigirme para cambiar los boletos, era algo que sobrepasaba lo que muchas veces escuché: De que los japoneses son descorteses y que no están dispuestos a ayudar porque siempre tienen prisa.
También pensé que hay “idiomas” mucho mejores y eficaces que las palabras. Que no importa tu nacionalidad, tu color de piel, tu estatus social, la lengua que hablas y todas esas cosas banales. Cuando realmente quieres ayudar a otra persona, todas esas cosas quedan en segundo término. El ayudar, ser cortés y amable, siempre serán una ACTITUD de lo que hay en el corazón.
Japón, no es un país perfecto, obvio que no. En sus millones de habitantes es claro que conviven todo tipo de personas. Cortéses y maleducados. Amables y groseros. Empáticos e indiferentes. Es así. Como en todos los países, siempre podremos encontrar todo tipo de personas. 
Felizmente y cómo dije: Para mi fortuna; me tocó encontrar y “conocer” a alguien cortés, amable y empático. Aunque no sé el nombre de ese Sr. Y es muy probable que nunca jamás lo vea de nuevo, nunca voy a olvidar la forma de su rostro y la complexión de su cuerpo. Nunca lo voy a olvidar a él. Aunque nunca lo vea de nuevo, siempre voy a pedir por él, por su familia y por su estabilidad: 

Arigatō gozaimasu.


Estación de Kioto, por los andenes.





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