miércoles, 26 de septiembre de 2018

Japón en ocho días... 1

Hace un año empecé a planear este viaje. Originalmente había pensado visitar otra vez Corea del Sur por asuntos de trabajo, pero recordé que en éste viaje quería disfrutar al máximo mi estancia en Japón y disfrutar cada instante, crear nuevos recuerdos y tener nuevas experiencias; esas cosas que no pude disfrutar en el invierno del 2017 por causa de la nieve y porque literal sólo estuve todo el tiempo trabajando sin parar. 
Kioto, era la ciudad a la que siempre había querido ir. Esas cosas y lugares que vi en las películas y leí en los libros, las quería ver con mis ojos en tiempo real. Así que ese fue el primer destino al que dije: Definitivamente tienes que ir. Meses después y cuando ya tenía los boletos del vuelo, se agregó Gunma, Maebashi a la lista de lugares para visitar. 
Todos los planes iban de maravilla, a excepción de un pequeño y graaan detalle: Aún no había conseguido el permiso de mi jefe en el trabajo. 
Ya que éste es mi primer año en el trabajo donde estoy ahora, aún no tengo derecho a vacaciones establecidas como tal. Cuando recordaba ese detalle, me decía: ¿Cómo compras los boletos del vuelo sin antes tener el permiso? Era una locura, una verdadera locura... Dejé pasar los días y los meses y llegó Septiembre. Tres semanas antes del viaje me enfermé terrible. Salimos con mi madre a comer y la comida no estaba bien y casi inmediatamente la vomité. Fue horrible. Vomité una vez cuando era niña y ni me acordaba de lo que se sentía, ese día supe lo terrible que es vomitar. Los tres días que siguieron fueron fatales, porque no lograba recuperarme al 100%, me sentía débil y cansada, sin energía. Un día de esos, pensé que lo mejor era cancelar el viaje y olvidarme de todo. Tres días después de que empezaba a sentirme bien, tomé un baño de pies y creo que el agua no estaba lo suficientemente caliente y me resfrié. Dije:¡Muy bien, he! Lo estás haciendo muy bien... 
Ese día por la noche hablé con una amiga y me dijo: Tienes dos opciones. Te olvidas del viaje, renuncias y te arrepientes toda la vida de no haber ido o lo tomas como un reto y piensas que es mejor que todo esto te esté pasando ahora y en tu casa y empiezas a creer que es un buen augurio porque en tu viaje te irá genial. Tú decides. 
Esa noche pensé mucho en lo que ella me dijo, concluí: Tiene razón. Esto lo transformas en tu fortaleza, sí o sí. 
Por si todo eso fuera poco, días después vi las noticias y allí decían que un poderoso tifón se acercaba a Japón, el peor en muchos años. Mi corazón se hacia pequeño, no lo podía creer. Tengo buenos recuerdos de las personas que conocí  la primera vez que pisé Narita, tengo amigos que viven en Japón, así que cuando a Japón le pasan cosas, mi corazón sufre.
Los días siguieron, así como siguen las cosas en esta irónica vida y llegó la última semana antes de la fecha del viaje. Me faltaba una cosa: El permiso de mi jefe. Una noche antes de hablar con él, hablé con Dios y le volví a mencionar todo. Mis miedos, mis anhelos y mis sueños y sólo le dije: Haz tu voluntad. Esta es una de las pruebas que todo irá bien en el viaje. Si me dan el permiso, yo sabré que todo es por ti y que tenemos luz verde para ir sin ningún temor. Si no me lo dan, ayúdame a aceptarlo con paciencia. 
Al siguiente día hablé con mi jefe y sin más me dijo que sí. ¡¡Wooooow!! Fue increíble, no lo podía creer, me contuve tanto para no gritar y saltar de la alegría. 
El día llegó y todo estaba listo. Mi maleta, pasaporte, dinero, el Japan Rail Pass y mucha emoción y alegría por empezar esta aventura. 
La segunda prueba de que todo iría bien durante el viaje era que los vuelos tanto locales a Ciudad de México y el de Ciudad de México a Narita salieran en tiempo y forma, a lo mucho una hora de retraso. Para mi sorpresa y la seguridad que necesitaba sólo tuvimos 20 minutos de retraso en ambos vuelos. 
Yeiiiii!! A las 2:00 am el avión despegaba y cruzaba la Ciudad de México para llevarnos a Narita. Pese a las turbulencias terribles que tuvimos y las peores que he tenido en mi vida, en todo momento pude sentir la presencia de Dios en mi vida. Porque creo que Dios tiene que ser una experiencia real en la vida. En el cielo, en una montaña o en un templo no me sirve de mucho, lo necesito en mi día a día: Cuando viajo, cuando hago las compras en el mercado, cuando desayuno, cuando me acuesto y me duermo, cuando salgo con mis amigos e incluso cuando me enamoro. ¡Woooooow! Esta fue la mejor experiencia que pude tener con Él. Gracias, Gracias mil por siempre haber estado allí y por siempre estar...
La segunda parte de este relato la haré en una siguiente entrada...

En el Narita Express rumbo a Tokio.

En la estación de Tokio.

Esperando el Shinkansen para irme a Kioto.

Detalles en el Shinkansen, que me encantaron...

Awww!!! Por fin en Kioto.

Una bicicleta que me gustó mucho, muy cerca del lugar donde me quedé.


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