jueves, 7 de noviembre de 2019

De los que se van y de los que se quedan...


Hablando de los que se van, creo que el momento se acerca y por eso hoy voy a contarles acerca de mi madre.

Ella es una mujer dura con un espíritu aventurero y decidido. Nunca vacila en todas las decisiones que toma y su filosofía de la vida es: Si trabajas siempre tendrás el mundo a tus pies.

Para ella lo más importante es quedar bien con las personas que la rodean y el "qué dirán" siempre es sumamente importante. No importa lo que cueste, es vital mantener las apariencias.

Lo que más admiro de ella es esa firmeza que siempre la ha caracterizado y lo que menos me gusta de ella es ese afán desmedido por mantener apariencias sin sentido.
De lo que las personas que la conocen me cuentan y de lo que he visto, siempre ha trabajado muy duro. Incluso fue padre y madre para tres de sus hermanos. Entonces es que pienso que cuando a ella le llegó el momento de casarse y tener hijos, simplemente ya estada demasiado cansada.

Detrás de esa coraza de firmeza o más bien diría yo; dureza, siempre sentí un aire de fragilidad, miedo y tristeza.
Sí, mi madre siempre se me hizo una persona muy triste. Detrás de su perfección siempre note infelicidad. De allí que cuando conozco a alguien con esas características no dejo de pensar en que su vida debe ser profundamente triste.
Todo lo anterior (acerca de lo que pienso de mi madre) hasta ayer eran conjeturas, cosas que creía pero sin fundamentos.

Sin buscarlo ayer descubrí; quizás, el secreto muy bien guardado de mi madre y de paso también de mi padre.
Como dicen: Ninguna mentira dura cien años; en este caso, ningún secreto se logra guardar por más de cien años.
Fue un momento de shock. ¡Nunca me lo hubiese imaginado! ¡Y vaya que suelo imaginar siempre montón de cosas! Inmediatamente lo hablé con mi psicólogo y Él me dio la paz que estaba necesitando en esos momentos.
¡Ah! ¡Mamá, mamita querida cuánto has sufrido! ¡Cuánta tristeza has guardado por tanto tiempo en tu corazón!
y bueno... Nadie me ha puesto en esta tierra por juez y sólo espero que hayas hecho la paz con Dios y sobre todo te hayas perdonado a ti misma.

El momento de partir sin duda se empieza a acercar...
Cuando tenía 6 años y entre a la primaria escuchaba a mi madre rezar y decía:
- Señor, que cumpla 15 años. Entonces puedo morir. 
Cuando cumplí los 15 años igual rezaba y decía:
- Señor, que logre estudiar una carrera y terminarla y entonces me iré en paz. 
Entré a la universidad y terminé la carrera y allí la oí decir:
- Señor, que encuentre un trabajo estable y entonces ya puedes llevarme. 
Anoche finalmente la escuche decir:
- Ahora sí, Señor, ¡Ya me puedo morir en paz!



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